El salón que me imagino y que necesitamos

Recientemente he estado en el maravilloso Festival de Angouleme, el “salón” del cómic más importante de Francia y de toda Europa.

Las comparaciones son odiosas, y no se puede esperar que de la noche a la mañana nuestras industria y mercado se hagan tan grandes como en Francia; sin embargo, creo que empezamos a tener público, herramientas y ganas suficientes para educar a nuestro mercado de forma más activa, en lugar de limitarnos a quejarnos de su escaso tamaño y a esperar que crezca por si solo.

Por todo ello, tras esta visita a Angouleme he visualizado una nueva versión del Salón del Cómic de Barcelona, el evento más grande de nuestro mercado y, como tal, el más adecuado para servir de faro.

Estos son los cambios que le haría al respecto:

1) Visión global en la elección de stands

Es sabido que en el Salón del Cómic hay muchos stands cuya relación con el cómic es más o menos cuestionable. Y se critica con razón.

Pero hay que hacer un matiz, ya que la memoria es muy traicionera: Hace 15 o 20 años la presencia de los mundos cercanos al cómic tales como videojuegos, cine o el coleccionismo en general, eran bien recibidos porque era una manera de “atraer a gente al mundo del cómic para aumentar lectores”. Es lógico que su presencia haya ido permaneciendo hasta el día de hoy. Pero es hora de superarlo y seguir adelante.

Se debería limitar la cantidad de stands que no vendan cómics y que, los que no lo hagan, tengan una relación justificable con el mundillo. Por ejemplo, un stand que venda páginas originales o material de dibujo.

Así que lo primero que imagino es un salón en el que se tenga en cuenta el contenido de cada stand y que sea prácticamente imposible encontrar los mismos productos en 2 stands diferentes.

2) Distribución por zonas

En realidad esto ya se empezó a hacer en el pasado Salón del Manga de Barcelona, en la que en lugar de escoger cada uno el stand que aun quedara libre, la propia organización distribuyó la ubicación de los stands. Teniendo en cuenta que prácticamente ningún evento te deja escoger tu ubicación y que es la organización la única que puede mantener una visión de conjunto, me pareció un acierto.

En Angouleme cada zona tiene un tipo concreto de stand. Se podrían definir por carpa de editoriales punteras, carpa del resto de editoriales (que es enorme, por cierto), carpa de coleccionismo (originales, pósters, cómics antiguos y figuras), carpa de manga/zona asiática y carpa de derechos internacional.

En el Festival de Angouleme, básicamente, todo lo que no fueran cómics sólo podía encontrarse en la sección de coleccionismo.

3) Librerías fuera

Así. Tal y como suena. Tiene sentido que haya stands de librerías con material antiguo, packs, etc. Pero no tiene ningún sentido que en un mismo salón acudan librerías a vender las novedades de los últimos meses cuando al mismo evento ya acuden las editoriales a hacer lo propio. Si que tiene sentido que una editorial que no vaya a acudir al evento, se ponga de acuerdo con una librería para que acuda a vender el material de la misma en un stand con el nombre de la editorial.

La publicación de cómic y manga es un trabajo en equipo entre los equipos creativos, editoriales, imprentas, distribuidoras y librerías, pero es una pérdida de tiempo y dinero que en un evento vayan editoriales y librerías y que se pretenda competir por vender lo mismo. Es absurdo.

Por venta en librerías, del precio de portada la editorial se lleva un 30-35% y una librería un 25-35%, con la diferencia de que una librería puede devolver y recuperar la inversión del material que no consiga vender, además de poder vender material de todas las editoriales sin necesidad de invertir para la creación de dicho material. Es lógico que los salones sean ocasiones para las editoriales de realizar venta directa y obtener beneficios que les permitan realizar más publicaciones con las que nutrir a las librerías (y distribuidoras) durante todo el año.

Por eso, la presencia de las librerías en el salón deberían limitarse a aquellas que vendan material antiguo/de segunda mano y a las que vayan en representación de una editorial con el nombre de la misma para vender su material.

De la misma manera, deberían haber salones organizados por librerías que no cuenten con presencia de editoriales.

4) En Fanzines, sólo fanzines

Los fanzines hoy en día apenas tienen sentido. Y sintiéndolo mucho si crees que son por definición la cantera del cómic, te equivocas.

Cantera del cómic es cualquiera que trabaje para formar parte de las publicaciones profesionales de este sector. Y punto. Que esa persona practique haciendo un fanzine no le hace formar más parte de “la cantera” que el que practica en su casa o una escuela y prepara proyectos para presentar. Es decir, la cantera no son los fanzines pero hay fanzines que son de la cantera.

Aun con todo, hay buenos motivos para hacer un fanzine, tales como pasarlo bien, ponerse un objetivo para mejorar dibujando o que sirva como muestra de lo bien que puede quedar tu trabajo impreso y publicado con vistas a que alguien se fije en él.

Pero que en la zona de fanzines se vendan copias de ilustraciones con personajes de copyright ajeno, publicaciones autoeditadas y por lo tanto supuestamente profesionales, chapas y demás, es un cachondeo de mezcla y no hay otra forma de definirlo.

En la zona de fanzines deberían haber sólo fanzines con proyección a pasar de fanzine a profesional. O lo que es lo mismo, la parte de los fanzines que realmente forman parte de la cantera y no los que acuden con idea de sacarse unos cuartos inmediatos como si fuera una zona general de artesanos, cuando hay eventos que ya ofrecen este tipo de zonas.

Igual que con lo de las librerías, es bueno que existan “Salones del Amateur”, en el que estén los artistas y artesanos que basándose en el mundo del cómic/manga venden copias de ilustraciones, fanzines, fanzines con personajes con copyright, chapas, muñecos y todo lo demás. Pero en salones como el Salón del Cómic de Barcelona, que debería enfocarse en el aumento del mercado y de la industria, lo lógico es permitir que en la zona de fanzines sólo se metan los fanzines que de verdad lo sean y que pertenecen (o buscan pertenecer) a ella.

4) Entrada a 15 euros

Por un lado, no es normal que un evento tan grande que aglomera más de 70.000-100.000 personas tenga una entrada tan barata en una ubicación tan cara como es la Fira de Barcelona.

Por el otro, hablamos de aumentar la cifra de lectores de calidad, por lo que subir la entrada es una forma de hacer criba, que se valore y que vayan únicamente los que realmente quieren ir. De esta forma, cuando esta nueva versión del salón vaya subiendo visitantes, será un indicativo de que van subiendo aquellos visitantes que lo que realmente quieren de un salón del cómic es comprar cómics. Lógicamente, deben existir los bonos de varios días y descuentos familiares. También es lógica una bajada de precio en la entrada de día laborable.

El aumento del precio de la entrada también es porque, si bien todos estos cambios son necesarios para mejorar el mercado y la industria, no hay que olvidar que la organización de eventos profesionales son por definición un negocio, y que si se cambia el modelo de salón a uno puramente tebeístico, al principio los visitantes bajarán. Subir la entrada de 10 a 15 euros (que de por si sería el precio normal de un evento tan grande) es un esfuerzo común para garantizar la sostenibilidad de un salón que pase de lo comercial a centrarse en la temática que le da el nombre.

5) Exposiciones coherentes

Vaya por delante que el trabajo para montar pasadas exposiciones como las de los aviones y los coches es duro y hay que agradecer a los responsables de las mismas su dedicación. Pero no tuvieron el menor sentido.

Por mucho que dichos vehículos hayan aparecido en varios cómics y que como exposiciones sean interesantes a un nivel general, no tiene sentido organizar exposiciones en torno a ellos en un Salón del Cómic, y menos convertirlos en protagonistas de un evento que no es el suyo. Esto es algo que tenía sentido a principios de siglo, buscando atraer a más lectores con cualquier excusa cogida con pinzas. Aun hacen falta lectores, pero esa práctica ya no es necesaria: El cómic es un medio que genera interés y tenemos gente que lo apoya. Promocionémoslo como tal.

Dentro de “exposiciones coherentes”, por cierto, se encuentran las del pasado Salón del Cómic. La de los aviones no tenía sentido, pero no hay que olvidar que hubo muchas otras que si y que estuvieron bien organizadas.

6) Café entre profesionales

En los últimos años, en el salón del cómic se ha implementado una zona profesional en la que los autores pueden llevar sus portafolios para presentarlo a diferentes editoriales que, tras revisarlos, le darán cita a aquellos cuyos proyectos o portafolios les hayan gustado. Eso es fantástico y debe seguir así, pero por concepción, realmente se trata de una “zona amateur” y no de una “zona profesional”.

Sin embargo, no existe una zona en la que se pueda hablar de profesional a profesional para saludarse y/o hablar de negocios. No es normal que yo, como editor, tenga una reunión con editoriales extranjeras o empresas gestoras de derechos y tenga que buscar un hueco entre mesas llenas de fans con gente sentada en el suelo alrededor, o que un medio de comunicación tenga que hacerte una entrevista de pie junto a tu stand. En definitiva, no existe un marco adecuado para hablar de profesional a profesional.

Lo cual me lleva al siguiente punto.

7) Acreditaciones de verdad

Una pulsera sin la menor personalización es cómodo para que sirvan de entradas al evento e incluso para los propios expositores de los stands, que en ocasiones es lógico que no sepan con cuantas manos van a contar para trabajar en su stand hasta el último día. Pero no debería ser así entre los profesionales que visitan el salón, ya sea como visitante que va a hacer contactos o por compromisos dentro del mismo

Autores, editores, agentes, periodistas y demás deberíamos poder acreditarnos como es debido, con una acreditación con nuestro nombre y función en la industria y mercado. Y si hay que pagarla -a un precio por debajo de lo que costaría acudir todos los días al evento- como en Angouleme, pues se paga. Además de ser de buen gusto, es una buena manera de poder dirigirnos por su nombre a ese nuevo contacto que acabamos de conocer y que tenemos justo delante en un evento en el que estás bombardeado de nuevos nombres.

8) Las promociones, en su sitio

En resumen: Este año seguramente haya promoción de la película de Superlopez ¿verdad? Pues en lugar de tener la promoción de Superlopez en un gigante stand aparte, la promoción de la película debería estar en (o junto a) el stand de Ediciones B, que son los responsables de la publicación de los cómics de SuperLopez. Promocionar un producto derivado junto a la editorial que ha publicado el material original es una forma de dar caché a la industria. Además de facilitar que los potenciales lectores, atraídos por la película, compren los cómics en los que se basa al tenerlos justo al lado de la promoción.

9) Mejorar la presencia del salón

Es decir, que se note visualmente que el salón busca ser otra cosa si se aplican todos estos cambios y tener una mejor presencia. Por ejemplo, tapizando todo el suelo como estaba en zonas de la Video Games World Barcelona (celebrada en la misma Fira). También estaría bien que los paneles que forman los stands fueran de (o imitaran) madera, como los del Festival de Angouleme. Para llegar a algo a mejor, lo primero es creérselo y que el público note que crees en ello. Y para eso, nada como una buena presencia que lo demuestre. Y puede hacerse sin llevar el salón a emplazamientos más grandes, más nuevos y más caros que sigan añadiendo gastos y presión.

En resumen

Base de editoriales; pocos stands de productos derivados; que estos no sean “duplicados” y que de estar, estén en una sección de temas relacionados con el cómic; tratar a los profesionales como tal y darle valor al conjunto y al propio evento.

Podríamos hablar de otras tantas cosas, como dar más presencia a los autores y otros pequeños matices para que el salón contribuya aun más a mejorar la industria, pero estos 9 cambios iniciales son para mi, la base inmediata que podría hacerse para que Ficomic aprovechara el Salón más importante de nuestro país para, además de ser rentable, sirva para promocionar de verdad el mercado y la industria y sirva para que vaya creciendo año tras año.

Puede que al principio perdiera visitantes, lo cuál se vería medio paliado con el aumento del precio de la entrada, pero el mercado, la industria y los propios lectores agradecerán que se quite toda la paja y el Salón se centre en lo que se debería centrar en lugar de ser un “Salón de la afición” (que por cierto, también podría celebrarse uno, aunque sería básicamente lo que ya es el Salón del Manga, que por ahora debería mantenerse tal y como está).

Es necesario un cambio de mentalidad, y ahora es un buen momento para ello.

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