Noches frente al papel, la frustración de publicar

“Tantas horas escribiendo, haciendo storys, dibujando, entintando… Y todo para que nadie haga caso de lo que hago…”.

Si eres una de esas personas que se quiere dedicar a vivir del noble arte de crear cómics en España, seguro que esas palabras alguna vez se han asomado por tu mente. La última vez quizá fue ayer mismo, mientras entintabas.

Es lógico. Además de laborioso es un trabajo solitario. Es fácil que nuestras cabezas tiendan a divagar y pensar de más. Exige muchas horas de nuestro tiempo. A menudo sólo para ver como ese cómic que has conseguido crear y publicar se ve sepultado en las tiendas entre la gran cantidad de novedades americanas, japonesas o francesas.

Y eso entre las tiendas que se dignan a ponerlo al alcance de sus lectores, ya que la mayoría de ellas ni lo pone en su estantería, ¿verdad?. Ya no digamos en el escaparate; o que además lo lean y recomienden su compra; o que se interesen en pedirte herramientas para promocionarlo mejor. Demonios, quizá has llegado a verlo colocado de canto en la semana de su lanzamiento. Con la portada oculta como si de un número atrasado se tratara. Notas incluso como te miran las librerías, como si te hicieran un favor por haberse dignado a poner tu cómic entre los cómics de verdad y con cara de que si no se vende es sólo culpa tuya, de tu mediocridad, y del tiempo que pierdes por no estar dibujando Spiderman en Marvel en lugar de contribuir a esta industria penosa, porque lo tuyo no lo quiere nadie.

Y acabas sintiendo que no tienes a nadie.

Que no vales nada.

Que no importas.

Deseo y frustración

También es normal sentir eso. Has leído inspiradoras historias sobre como Jeff Smith sacó adelante su autoedición de Bone. O sobre cualquier otra obra que empezó discretamente y que gracias a las oportunidades generadas con el apoyo de distribuidoras, librerías o medios dependiendo del caso, un pequeño grupo de lectores en las calles de Nueva York u otra ciudad que inspire a tu cerebro llevó la obra a un mediano y luego a un gran grupo de lectores, logrando diferentes cotas de éxito.

Te frustra sentir que no vale la pena crear algo propio y original en 22, 48 o 100 páginas. Sientes que es esforzarse en vano, porque sólo vale la pena crear material escudándose en la fama de otros, creando una parodia, o dibujando por encargo ilustraciones con personajes ajenos de películas, cómics o animes de moda. Todo obras extranjeras, por supuesto.

Sientes que cualquier éxito que puedas tener con material propio será relativo, indie como mucho y, sobretodo, insuficiente. Porque no te basta que tras 300 horas de dibujo no logres pasar de esas 60 personas que esperan tu próximo trabajo porque, en el fondo, sabes que les gustas sobretodo porque saben que sólo hay otras 59 como ellas. Y no es lo que quieres.

Te han prometido que, igual que en el amor, da igual como sea tu obra, porque habrá lectores cuyos gustos encajen con ella, les harás disfrutar, y a cambio te ayudarán a vivir de la profesión que amas.

Pero ves que no aparecen; que tus creaciones no están a su alcance para que las conozcan; que no se generan oportunidades para ayudarte a que llegue el deseado fandom. Ni la oportunidad de devolverle al cómic lo que el cómic ha hecho por ti.

Peor aun. Empiezas a ver cómics protagonizados y escritos por youtubers con pegatinas de segunda edición, sexta edición… “Aaaagh, los youtubers… Malditos infiltrados con más éxito que nosotros…” Puede que hasta hayas acompañado a tus sobrinos, hijos o primos pequeños a conseguir firmas de Lily o Robin con una multitud de fans pidiendo autógrafos como deberían pedírnoslos a nosotros. Y lo peor de todo es que sin ser de tu interés ahora tu también conoces a los youtubers Lily y Robin.

Tus frustraciones ilustradas empiezan en ti, pero acaban atacando a todo el sector:

“La distribuidora no promociona entre las tiendas los cómics desconocidos como el mío”.

“Las tiendas apenas lo piden, y las que lo hacen no ponen interés en promocionarlo y venderlo mientras tengan Naruto y Spiderman”.

“Los lectores pasan de cualquier cómic español a no ser que se haya publicado antes fuera o vaya de parodias”.

De nuevo, es normal que sientas esto.

Porque tienes razón.

Tienes razón

No es cuestión de echar balones fuera. La calidad del trabajo también importa y no vamos a caer en el error de negarlo. Pero es lógica la sensación de abandono. De desplazamiento. De estar invirtiendo horas en vano. Especialmente a partir de cierta edad, en la que se busca abonarse a la efectividad y, las apuestas a largo plazo -incluso a medio- suenan cada vez más desalentadoras.

Dejando aparte la calidad del trabajo, lo cierto es que no es sólo culpa tuya. Porque actualmente estamos metidos en un mercado con una industria que aun no está preparada para respaldarnos.

Todas esas historias inspiradoras, ya hablemos del origen de Spiderman, Las Tortugas Ninja o Bone tienen una diferencia importante respecto a tu historia personal. Y es que sucedieron en industrias cuya maquinaria estaba preparada e interesada en alentarles. No significa que lo tuvieran fácil. Pero las herramientas estaban ahí. Así como el interés (o el no-desprecio) por el producto nacional. Lo cuál, en comparación con nuestro mercado, ya era mucho.

Por supuesto también hubo trabajo. Trabajo duro. Pero de nuevo, no es de lo que estamos hablando hoy. Hablamos de que sería injusto y demagógico no reconocer que en tu actual situación como dibujante del mercado español, incluso con el uso de internet, necesitas 100 veces más esfuerzo y 10 veces más calidad para que tu mercado te haga una milésima parte del caso que le hizo en su momento el mercado de cualquiera de las inspiradoras historias de esfuerzo y éxito que admires.

Así que, durante las largas sesiones de dibujo o escritura, cuando piensas que tu distribuidora podría esforzarse más en promocionar y vender tu obra a las librerías; cuando piensas en que las librerías podrían tratar tu cómic con menos desdén y más interés sin darlo por perdido antes de empezar; o cuando piensas que los lectores podrían mirar más la historia que se cuenta y menos la procedencia de un cómic… Tienes razón. Y no hay forma de negarlo.

Pero para esas noches frente a la mesa de dibujo en la que tu mente divaga o se desespera, tengo una cosa que decirte.

Resiste.

Porque hay motivos para ello.

Y están en camino.

Promesas fundadas

Resiste, porque a tu alrededor hay muchos ejemplos de que todo está en camino. Los hay más sutiles que otros, pero están ahí.

Jesulink cosechó un gran éxito con su serie “5 Elementos“. Es posible que se diera a conocer por “Raruto”, la parodia de Naruto. Pero nadie desarrolla y vende 14 tomos de una historia propia a lo largo de 9 años viviendo de la fama de una obra anterior, aunque sea cierto que ayude a arrancar.

Los cómics de la Colección Científicos de Jordi Bayarri están gustando mucho entre los chavales. En una época en la que un distribuidor, medio o quizá hasta una librería te ha dicho que a los chavales no les interesan los cómics. Que mejor lo dejes pasar.

La criticada fama de El Rubius ha llevado a que se hagan cómics sobre él, (y probablemente) a que otros youtubers se animaran a hacer cómics. Los cuáles además de dar trabajo a dibujantes nacionales (Bonache, Angie Fernández) llegan a todos su jóvenes fans. Y más de uno y más de dos se animará a seguir leyendo, lo cuál es bueno para todos. Además, se está preparando una serie animada de El Rubius, lo cuál puede ser un primer paso importante para que las empresas de productos derivados (muñecos, cromos, videojuegos, transmedia en general) puedan llevarse la mano al mentón y pensar “hmmm… cómics”. Una inquietud, por cierto, que varios autores están manifestando e intentando solventar: La falta de productos derivados de nuestros propios cómics.

No sólo eso. En el panorama general de nuestro mercado, empieza a haber un goteo constante de publicaciones nacionales. Puede que no destaquen en los titulares de los medios (ni generalistas ni especializados), ni en los recomendados de los catálogos de los centros comerciales, o que su paso sea efímero por las estanterías de las tiendas… Pero están ahí. Y más que van a seguir estando.

No es la norma. Esto no va de engañarse. Y pese al aumento de publicaciones nacionales, la mayoría de sus autores no viven del dinero generado por esas publicaciones. Pero eso también significa que hay otros que si, ya sea con las ventas en España o gracias a la exportación de su cómic.

Actualmente nuestro mercado sigue viviendo de material licenciado. Y si, puede ser que para que un cómic nacional tenga cierto éxito haga falta un precedente detrás, como haber hecho una parodia de un manga conocido; hacer la adaptación a cómic de una novela que se va a adaptar al cine; ser un youtuber famoso o haber salido en televisión. Pero a pesar de donde venimos, de estar en un mercado que consideraba los cómics como algo sin valor sólo para niños y que durante mucho tiempo se ha nutrido prácticamente sólo de licencias, la tendencia al cambio es patente.

En definitiva

Así que resiste y persevera. Porque puede que la distribuidora no se preocupe tanto del material que generas como del material licenciado; puede que la mayoría de librerías no confíen en tu producto antes de que tenga éxito; y puede que entre todos podamos hacer aun más para darnos a conocer al público. Pero el duro trabajo que estamos realizando entre todas las partes del sector, nadando a contracorriente, está empezando a cambiar sutilmente la marea.

De nuevo, esto no va de engañarse. En nuestro país aun faltan lectores ya no sólo para la industria, sino para el medio en general. Pero los booms no existen. Sólo trabajo constante (aunque a veces dé la impresión de que llegan personas a las que les viene el éxito de la nada y, lógicamente, den ganas de matarlos. Pero el boom nunca es tal como parece). Y aunque el éxito no sea inmediato, aunque la industria se niegue o simplemente no esté preparada para facilitarte las herramientas, insiste. Yo lo noto con Superbarna, que a base de insistir va calando cada vez más entre los lectores. E igual que yo, muchos otros con igual y mayor éxito.

Hay gente que sigue trabajando en dar a conocer nuestro medio a quienes les es desconocido para seguir ampliando la base de lectores. Hay editoriales esforzándose en dar opciones a obras nacionales. Hay librerías que se esfuerzan en destacar las creaciones de la industria. Y con el tiempo, gracias a esos 100 lectores que consigue una obra nacional; los 50 que consigue otra; los 20000 que consigue el youtuber o autor que viene de la televisión al cómic; y el trabajo de muchos más, hay motivos para pensar que la tendencia seguirá cambiando. Y que, por primera vez en mucho tiempo, nuestras creaciones tendrán protagonismo en las estanterías de nuestras propias librerías.

Así que, cuando en esas sesiones de dibujo nocturnas trabajando en tu próxima obra te asalten las dudas, sólo recuerda: Aunque no te des cuenta, estás formando parte de algo.

Los lectores llegarán.

Y contamos contigo.

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