Encerrado en el Salón del Manga de Barcelona

Segunda parada de mi gira otoñal con Letrablanka: El Salón del Manga de Barcelona.

Las mismas diferencias de siempre

La semana pasada, casi toda la semana, se ha celebrado el Salón del Manga de Barcelona. Este año la cita ha durado 5 días y ha implementado varias novedades en cuanto a organización. No tanto en actividades o en la apuesta del Salón. Algo que me parece lógico, ya que es un evento que ha crecido enormemente y ofrece básicamente lo que el público general busca. Cuesta ir más allá sin arriesgarse a estropear la fiesta.

Personalmente, no tengo mucho problema en que el Salón sea “lo mismo de siempre”. Por un lado porque creo que cada evento tiene su función y personalidad propios. Y “diferente” no tiene porque significar “mejor.

Por el otro, porque aunque la apuesta se repita año a año, la experiencia del usuario es diferente de un certamen a otro. Cambian las novedades publicadas y anunciadas, los autores invitados, las proyecciones y, rizando el rizo de la evidencia, la gente que conoces y con la que interactuas de un evento a otro.

Perspectiva de stand

Mantuve varias charlas interesantes (como ya sabemos que ocurre en todos los eventos). Pero voy a centrar esta entrada en mi experiencia personal como expositor del Salón del Manga de Barcelona.

Especialmente, en el miedo compartido que sentía por la nueva norma de que los visitantes no podían volver a entrar tras salir. Como tantos otros, a sabiendas de los problemas de colas y aforo que sufre cada año el Salón del Manga de Barcelona, temía lo peor. No me adelanté a sacar conclusiones (como tantos otros, es justo decir). Pero mentiría si dijera que la medida no me generaba miedo y dudas. Temí que la gente que entrara no saliera y que gente con entrada se quedara eternamente fuera. No fue así.

El primero de los aciertos fue adelantar la apertura del Salón a las 9:00 en lugar de las habituales 10:00. Por un lado, se le daba a los madrugadores la oportunidad de adelantar su visita (y con ello, su salida). Por el otro, los que ponemos stands sabemos que la primera hora del día (las dos primeras en un salón tan grande) son “de reconocimiento”. Abrir a las 9 permitió que el fin del reconocimiento y la hora de comer se distanciaran. Contribuyendo a ofrecer más tiempo natural para ventas.

Normalmente, hay actividad durante la media mañana y tras la hora de comer. Este año, al menos en mi caso, no se percibió el bajón de la hora de comer. Tras el primer par de horas de reconocimiento, la densidad de visitantes fue una constante sin descanso hasta bien entrada la tarde.

Para el año que viene…

Como puntilla, añadiría que el año que viene, aprovechando que el festivo cae en jueves, volvería a repetir los 5 días, ya que no habrá ninguno totalmente laborable (el miércoles será como un viernes, y el viernes será puente y… bueno, viernes).

También procuraría que no hubiera stands “marginados” en el evento. En nuestra isla de 6 stands me tocó la parte de los 3 afortunados que estábamos bien situados. Teníamos enfrente a Planeta, Fnac y el bar del Salón (y en mi caso, una pequeña exposición a mano derecha que estaba claramente destinada a fomentar el interés porque los visitantes se acercaran a nuestra zona, lo cual fue de agradecer); pero los 3 a nuestra espalda tenían frente a sí una hermosa pared y permanecían a espaldas de todo el salón. Uno de ellos me propuso unirme a una queja colectiva. Personalmente no tuve problemas con mi ubicación (aunque me dio miedito cuando la vi en el plano), pero entiendo que los tuvieran al menos 2 de los 3 a nuestra espalda. El tercero al menos tenía una esquina coincidiendo con Planeta situada de cara al Salón.

Conclusión general

Mi conclusión personal es que, al abrir antes y no poder salir y volver a entrar, la primera tanda de gente se iba antes del Salón. Pero al no salir a comer, la afluencia general se mantenía al mediodía, evitando la habitual bajada de esas horas.

Si que se notaba que el bajón de la última hora llegaba antes que otros años. Pero no suponía un problema. Porque casi toda la gente de la tarde eran nuevos visitantes que no estuvieron durante la mañana. Y, desde la perspectiva de alguien que se tira todo el día en el stand, se agradece que la mayor densidad de gente venga por la mañana y mediodía, y que se calme en el último par de horas.

Los cambios -abrir a las 9, no permitir volver a entrar, cerrar a las 20 y la nueva distribución del espacio, repartiendo los stands comerciales en dos pabellones- fue positiva hasta cuotas insospechadas. Se eliminaron las colas y los problemas de aforo que perduraban desde 2013. La nueva organización permitió que los expositores gozáramos de más horas fuertes y que estas fueran de más a menos.

 

Despedidas

No quiero acabar la entrada sin añadir que, como siempre, fue un placer poder saludar a amigas como Belén Ortega; Irene y Laura de Xian Nu Studio; las chicas de Tomodomo, a Santi Casas, Jordi Ojeda, a varios lectores habituales y a otros nuevos, y a más gente que seguro que me dejo.

Esta semana toca la tercera parada de la gira: El Heroes Comic de Madrid

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