Sesiones de firmas ¿Qué son y porque no son todas iguales?

Recientemente se ha celebrado el Salón del Cómic de Barcelona. Además de ser un salón que ha introducido varias novedades (que me gustaría comentar en otro momento), ha sido un evento en el que, como es habitual, las editoriales y sus autores han contribuido con jornadas de un tema del que llevaba tiempo queriendo escribir: Sesiones de firmas.

A todos nos gusta tener una firma o dedicatoria de quien nos ha hecho disfrutar con sus viñetas. Y por supuesto, también nos encanta que vengan a pedirnos firmas quiénes han disfrutado con las historias que hemos creado.

Pero como suele decirse, hay un momento y un lugar para cada cosa. ¿Sabes distinguir entre una sesión de firmas y otra? ¿Entiendes qué se puede firmar, qué no y lo aceptas con madurez? Lo divertido de estas preguntas es que sirven tanto para los lectores como para los autores.

El hecho de tener delante simultáneamente una obra y a la persona que la ha creado o comprado no significa que sea un buen momento para firmarla. En las sesiones de firmas hay algunas condiciones que determinan sus características y el porqué hay algunas variaciones entre las normas de cada una. Vamos a verlas y a aclarar un tema que suele generar debates (¡y en ocasiones, tiranteces!).

¿Para qué se organiza una sesión de firmas?

La organice una editorial, una librería especializada, generalista, de barrio o de una cadena la respuesta es sencilla: Se organiza para motivar las ventas.

Hay quien dirá que es por promoción y por acercarse al lector. Temas importantes sin duda y que también se benefician de una sesión de firmas. Pero el motivo principal siempre son las ventas. De hecho, las ventas también son el motivo de la promoción, por lo que afirmar que algo se hace por “promoción y ventas” puede ser algo redundante.

¿Quién la organiza?

Librerías (u otros comercios si están interesados en ello), editoriales o en colaboración entre ambas. En ocasiones, incluso eventos si creen que la presencia del autor va a atraer más público (o lo que es lo mismo, vender más entradas).

Los autores no solemos organizar las sesiones de firmas. Al menos oficialmente. Y en realidad, no deberíamos. A no ser que hablemos de sesiones de firmas de material autoeditado, ya que cuando eres al mismo tiempo editor y autor de tu propia obra, eres el responsable del libro más allá de su autoría. Pero por lo general, para ir a firmar es mejor esperar a que quieran que vayas a firmar.

¿Quién paga los gastos de la sesión de firmas?

Esto puede sorprender a algunos, pero las sesiones de firmas generan gastos para organizarlas (viaje, alojamiento, la contratación de un stand si hablamos de firmar en un evento…) y los paga la parte interesada en organizar la sesión de firmas siempre que esta parte no sea el autor. Si un autor, movido por su deseo de sentirse querido por sus fans, se paga su propio viaje y alojamiento para acudir a una sesión de firmas, está siendo un buen fan de sus fans, pero un pésimo profesional. Básicamente está regalando su tiempo a cambio de perder su dinero, e ir a trabajar para perder dinero es absurdo.

En todo caso, la organización de una sesión de firmas consiste en un trato del que todas las partes necesitan sacar un beneficio. Y si: Aunque hay diferentes tipos de beneficios, en este caso me refiero estrictamente a un beneficio económico. Sea directo o indirecto.

Aunque no debería hacerse nunca, cuando uno empieza se pueden entender algunas inversiones en desplazamientos y promoción perdiendo dinero pensando en el medio plazo. Pero en esta entrada estamos hablando en términos profesionales, de alguien que pretende pagar las facturas de ese mismo mes a través de su profesión.

¿Qué se promociona en la sesión de firmas?

Hay dos opciones: Que la sesión de firmas sea de un autor (toda su obra) o de una obra concreta recién lanzada.

En resumen, una sesión de firmas…

  1. Se organiza para incentivar las ventas.
  2. Cuesta un dinero enviar/traer al autor al comercio o contratar un stand para que tenga un espacio en el que firmar.
  3. Por lo que es habitual que la norma general sea que se deba comprar algo para que te firmen o que, como mínimo, el material a firmar sea de la editorial que organiza las firmas cuando ese sea el caso.

Hay una excepción en la que no hay norma alguna y te pueden firmar lo que quieras, sea de la editorial que sea y sin necesidad de comprar nada: El caso en el que es la librería la que organiza una sesión de firmas con el autor. Pero tiene “trampa” (entre comillas. No es trampa alguna). Si vas a una librería a que te firmen un libro, aunque lo traigas gratis de casa, es casi seguro que acabarás comprando algo más. La librería cuenta con eso para amortizar los gastos del autor y, lógicamente sacar beneficios. Y aunque ese no sea el caso, le servirá para promocionar su librería entre lectores que quizá no la conocieran antes de llevar al autor a firmar (¿y para qué habíamos dicho que servía promocionar?).

También puede haber otros escenarios en los que se le puedan llevar a un autor cualquier material de cualquier editorial. Pero por lo general, estos casos suelen tener la compensación escondida en alguna parte (quizá el evento le haya pagado los gastos al autor, o la editorial haya recibido una rebaja en el stand… llamadlo X). En todo caso, cuando hay “firmas libres” es porque el escenario está preparado para tener beneficios.

Conclusión a ambos lados de la mesa

Delante de la mesa, llevar a una sesión de firmas un material no permitido (comprado en otro sitio, de otra editorial a la que organiza la sesión, un libro diferente para el que se ha montado…) siendo consciente de todo esto, e insistir en que te lo firmen o presionar para ello, es no respetar el trabajo de quiénes te han traído al autor (e incluso el del propio autor) para que pueda firmarte tu ejemplar.

Detrás de la mesa, acceder a firmar un material no permitido en la sesión en un espacio que ni te pertenece ni has contratado tú mismo como autor, es comportarse de manera poco profesional, además de tirar piedras a tu propio tejado: Por un lado, estas convirtiendo tu sesión de firmas en un gasto inútil para quien ha pagado su organización (y, si es en el caso de la editorial, la producción del propio libro). Por el otro, acostumbrando a los lectores a que pueden saltarse las normas y a firmarles material antiguo en sesiones organizadas para vender material nuevo, motivas que no compren tus nuevas obras. Y la adoración puede ser antigua, pero tus facturas son nuevas.

Es lógico que como autores agradecidos con nuestros lectores nos apetezca firmar cualquier obra nuestra en cualquier circunstancia. Pero hay que valorar el propio trabajo y, al igual que delante de la mesa, también el de la gente que ha arreglado las circunstancias para que podamos estar ahí firmando y motivando las ventas de nuestra obra.

Estéis a un lado u otro de la mesa en la próxima sesión de firmas, ahora sabéis que nada es porque si y que, aunque la experiencia de hacer cola para que te firmen o para firmar pueda ser la misma de una sesión a otra, las circunstancias que la han hecho posible pueden variar.

¡No lo olvidéis y disfrutad de vuestra próxima sesión!

 

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